¿Puede el Hospitalet ser Brooklyn?

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[Versió catalana] L’Hospitalet de Llobregat aspira a ser una de las ciudades de referencia en la Cataluña del siglo XXI. Tiene todos los ingredientes para conseguirlo: ubicación estratégica, en el triángulo Barcelona-puerto-aeropuerto; un nuevo distrito económico: la plaza Europa, con hoteles diseñados por primeras firmas, que acogen eventos internacionales como el Mobile World Congreso; iniciativa personal de los ciudadanos, hijos de curtidos trabajadores; y un gobierno progresista, dispuesto a demostrar que el crecimiento económico puede ir de la mano del crecimiento cultural y social. Desde el mes de enero la ciudad, que cuenta con la asesoría del filósofo Josep Ramoneda, ha convocado un evento tan necesario como insólito: un gran foro cultural, llamado L’H On, que el pasado 13 de marzo congregó más de 70 personad el mundo del arte y de la cultura, que participaron de una manera activa e entusiasta en la configuración del futuro ciudadano.

¿Puede el Hospitalet convertirse en el Brooklyn catalán? La comparación con la urbe norteamericana es imprescindible si la ciudad quiere hacer el salto de la economía de la manufactura a la de la innovación. El referente de Brooklyn no enseña que ante un escenario post-industrial como el que se nos presenta, el arte tiene que jugar un papel crucial: no podemos ser la ciudad de la innovación sin fomentar ahí donde se encuentra el germen de la creatividad. Es por eso que hay que tener en cuenta cada uno de los 5 ejes que a mi modo de ver conforman la estructura principal del mundo del arte: los artistas, las escuelas de formación, los espacios de creación, los espacios de difusión y, finalmente, la integración de la obra de arte en la sociedad.

En primer lugar, los artistas. Hospitalet tiene que atraer más creadores, jóvenes y con talento. ¿Cómo podemos hacer atractiva la ciudad? En primer lugar el Ayuntamiento tendría que desplazarse a las escuelas de arte de Cataluña –y si cabe, también de fuera-, informando sobre 2 cosas: las fábricas-talleres que ofrece la ciudad, con sus precios y espacios competitivos, así como los colectivos que residen. Y en segundo lugar, habría que demostrar que la ciudad es capaz de difundir los proyectos de los creadores, en museos y en espacios públicos.

Si llegan buenos creadores, Hospitalet tendrá más posibilidades que llegue el deseado espiral virtuoso, tan bien entendido por los anglosajones:  a la ciudad pronto llegarían galerías, bares de moda y restaurantes: el arte que contribuye directamente al crecimiento de una economía de calidad en la ciudad. Ahora es una buena oportunidad: los espacios en Barcelona están colapsados, y los artistas buscan talleres en el área metropolitana, huyendo del Poble Nou.

Esto me lleva al segundo punto: los espacios de creación. El Ayuntamiento debe pactar con los propietarios de las fábricas, como Can Freixas, para hacer más accesibles los precios de los alquileres. A cambio, el ayuntamiento puede ofrecer difusión del espacio, un trato interesante para el propietario. También tenemos que exigir que las fábricas de creación dispongan de espacios de exhibición para los artistas residentes. Urge hacer estos pactos: algunos artistas han empezando a abandonar Can Freixas porque los precios no bajan. Con el abandono de las fábricas de creación, se perderá uno de los elementos principales del engranaje artístico futuro de la ciudad.

Espacios de difusión. No sirve atraer artistas en el Hospitalet si no se difunde su trabajo. La   Tecla Sala y los centros culturales de la ciudad tendrían que comprometerse a ceder espacio para exhibir arte contemporáneo de los artistas de la ciudad. Brooklyn cuenta con un museo que constantemente propone actividades y proyectos con sus artistas, implicando también al ciudadano  con propuestas innovadoras. En el Hospitalet todo esto está por hacer. No todo termina en el espacio: hay que apostar por publicaciones de calidad, bien diseñadas y traducidas. Comisarios y críticos tendrían que coordinar el arte contemporáneo en la ciudad, para garantizar la calidad y la difusión mediática más allá de nuestro fortín.

La integración del arte en la sociedad. En Hospitalet no hay mercado del arte, dato fácilmente demostrable contando sus galerías. Pero hay una alternativa pública para que las obras de arte tengan un destino, y además funcional: el Ayuntamiento puede hacer posible que los proyectos artísticos tengan presencia en la ciudad: las esculturas o las pinturas creadas en las fábricas, y difundidas en los centros, pueden convertirse en monumentos ciudadanos. Que naturalmente habría que remunerar, pero aún sin dinero la idea compensaría al artista. El metro, los mercados, la Rambla: los espacios públicos para exponer son múltiples y transitados. Asimismo, los artistas pueden colaborar con proyectos educativos: que además da frutos sociales por el alto potencial cohesionador e integrador del arte.

La propuestas anunciadas son factibles y económicas: fácilmente realizable reciclando personal y espacios propios. El Ayuntamiento tiene tres potenciales que no tiene la iniciativa privada: la capacidad de difusión, la capacidad de estructuración, y finalmente, la capacidad de cohesión. Bien fácil pues: ordenar, unir y difundir.

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