La exposición, à revours

Felicitamos, de entrada, a Martín Manen por su excelente ensayo Salir de la exposición (Si es que alguna vez habiamos entrada). Es un libro bien escrito, inteligentemente estructurado, elegante en ritmo, claridad y síntesis; desafiante, en suma, de la recurrente nebulosa posmoderna. El libro del joven crítico residente en Estocolmo, es el primer compendio hecho en España donde se revisan todos y cada uno de los elementos que conforman una exposición contemporánea. El ideario curatorial de Manen empieza allí donde la exposición tradicional termina. La consolidación del ready made, la estética relacional, el video, la performance, los workshops, han propiciado que el viejo modelo de exposición –el White Cube anglosajón- quede obsoleto en el momento de enfrentarse al arte viviente, representativo de una realidad multicomunicativa y hiperestimulada. El autor expone a lo largo de treinta y tres pequeños relatos, sus ideas acerca del ritmo y el tempo expositivo, la investigación, el discurso, la transversalidad, la tecnología o los eventos paralelos en un proyecto de exposición contemporánea.

El instinto deconstructor de exposiciones propio de Manen nace de la fatal alianza que el autor advierte entre la exposición moderna y el conservadurismo burgués. El crítico denuncia que el visitante clásico no busca la sorpresa, sino la tranquilidad que le brinda el reconocimiento de unos códigos expositivos ya conocidos. Tras estos analgésicos objetuales no hay posibilidad de réplica discursiva, y mientras tanto, siempre a juicio del autor, la institución aprovecha calladamente para imponer un discurso de poder, de orden económico o ideológico. La alternativa expositiva propuesta por Mandan se sustenta sobre tres ideas de marcado ascendente marxista: la apuesta unidireccional por la novedad, la complicidad crítica entre la exposición y la realidad, y la participación activa del visitante. Así, la exposición debe ser un lugar de investigación y producción sobre lo desconocido, antes que un espacio de presentación y contemplación; un territorio híbrido trazado por las nuevas tecnologías: el vídeo, la radio o internet, y radicalmente conceptualizado. La exposición no puede ser un espacio neutral de distracción del espíritu: debe ser una arena política, generadora de contenido crítico, social y urbano. Asimismo, el espacio expositivo debe contar indefectiblemente con la participación del público, reconvertido en actor y activo de la muestra. La propuesta de Manen tiene bien presente un modelo ideal de ciudadano: con actitud crítica y comprometida, que choca con la educación ilustrada del gusto y consumo íntimo.

En el texto hemos echado en falta más actitud crítica ante los no pocos desenages que se han dado en los últimos veinte años entre el ideal curatorial posmoderno y su resolución práctica. ¿Tienen sentido las propuestas desmaterializadas en museos institucionales? ¿Cómo se justifica una exposición relacional sin otros visitantes que los del mismo sector? ¿Cómo se resuelve el conflicto entre museos adelgazados y el aumento de recursos que demanda este nuevo modelo para sufragar producción, tecnología, comisariado o debates? ¿Por qué se niega la investigación, el debate o el discurso en una exposición convencional? ¿Por qué la demonización sistemática de la exposición museística si la mayor parte de comisarios viven del capital institucional? ¿No se da ninguna posibilidad a la función perturbadora de la obra de arte autónoma, sin contrafuertes textuales?

En cualquier caso, Salir de la exposición es un libro recomendable para todas las sensibilidades y creencias en el mundo del arte. Por los apocalípticos, lícitos partidiarios de la exposición contemplativa, resultará un punzante espacio de confrontación estética. Para los integrados, un libro de referencia, un fluyente manual de consulta. Y para todos nosotros, agentes del arte, debe ser un estímulo para concretar ensayísticamente nuestras convicciones artísticas.

[Bonart, octubre-noviembre 2012]

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