La darrera entrevista a Albert Ràfols Casamada

Ràfols: “La pintura ha de seguir mostrant una actitud ètica davant del món vulgaritzat, violent, materialitzat”

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Es donà l’ocasió, ara fa dos anys, de realitzar una entrevista al pintor i poeta recentment traspassat Albert Ràfols Casamada. Es trobava llavors en un delicat estat de salut; li costava articular les paraules i es movia amb gran dificultat, encara que aquella realitat no li impedia seguir la seva labor creativa, en el seu estudi que recentment havia improvitzat en una de les sales laterals de la residència, als barris alts de Barcelona. Amb tot, el pintor ostentava una gran enteresa moral; tenia la presència d’un savi, la digne d’una de les figures més influents i destacades de la cultura catalana del segle XX; i una mirada tendra i atenta, com d’infant. Amb veu pausada però segura, trèmula però precisa, a semblança de la seva emèrita obra, n’Albert Ràfols respongué atentament a les preguntes dedicades a visitar diferents moments de la seva trajecòria artística.

 

¿Qué recuerdos conserva de su primera infancia que hayan sido relevantes para entender su pintura?

Mis recuerdos de infancia están íntimamente relacionados con la pintura, tanto des del punto de vista creativo como des del intelectual. Mi padre, Albert Ràfols, era pintor y desde pequeño lo recuerdo pintando delante de su caballete y mezclando los colores.  Diría que el arte era una cosa normal en mi vida, no lo veía como un hecho aparte, sino como algo natural. Pero también la cultura, que se contruyó a través de los libros y de las revistas que estábamos suscritos en casa. Gracias a todo ello conocí de primera mano los escritos de Eugeni d’Ors y su Glosari, o a Joaquim Torres García. Fueron  dos personalidades fundamentales para la formación de mi sensibilidad artística, especialmente las obras y escritos de éste último de quien admiré  su capacidad constructiva y estructural del espacio pictórico. En casa recibíamos revistas artísticas de vanguardia, gracias a las que conocí por primera vez el cubismo de Picasso y Braque. Recuerdo una fuerte emoción al descubrir esas obras porque aprendí una forma de hacer arte tomando referencias de la realidad pero transformadas, sintetizadas.

La pintura  de Albert Ráfols Casamada no se entiende sin considerar su dedicación a la poesía. ¿Qué desarrolló primero la vocación poética o la pictórica?

Se desarrollaron en paralelo. Yo tenía trece años cuando descubrí mi vena poética, pero los dibujos de vanguardia pertenecen aproximadamente al mismo momento, eran los años de la Guerra Civil. Recuerdo que la pintura me interesaba porque representaba aquello que no podía decir con las palabras y viceversa. Entre las dos disciplinas formé una amalgama que ha sido el timón y guía de mi obra artística. Dicen que mi pintura es poética. Pero lo es sin ser literaria, porque no explica aspectos del mundo. Es poética en si misma.

Qué eventos artisticos le influenciaron más durante su formación artística?

Recuerdo las exposiciones de los artistas más jóvenes como Rogent, en la galería Pictoria, que representaban para nosotros una primera mirada a la modernidad. Imperaba en aquel entonces el retorno al academicismo más recalcitrante. En mis caso, como en el de María, advertimos la figuración era el medio adecuado para la reflexión poética, íntima y formal de la pintura antes que reivindicativa, pero esto no quita que estuviéramos informados e interesados por las manifestaciones de vanguardia. Sobretodo gracias al Instituto Francés de Barcelona entramos en contacto con la juventud más inquieta del momento europeo y especialmente con el arte vanguardista a través de las charlas y conferencias que se impartían los martes por la tarde. En el instituto obtuvimos con María una beca para ir a Paris, que representó un enriquecimiento cultural fundamental que nos hacía falta por el contacto directo que supuso con la pintura y el arte de vanguardia. Recuerdo que las exposiciones en la Galerie de France de Alfred Manessier y Nicolas de Staël ejercieron una fuerte influencia sobre mi obra, pero como pasó con Torres Garcia, me interesaron des del punto de vista estructural.

En 1957 su arte experimenta una transformación radical y se asienta definitivamente en la abstracción. ¿Este cambio fue producto de una evolución formal de su obra o fue motivada por algún acontecimiento en especial?

El paso de la figuración a la abstracción surgió como consecuencia del estudio y del trabajo, sobre todo, de la reflexión sobre los medios del arte, del estudio y del trabajo del paisaje. Poco a poco había ido depurando cuatro elementos que me parecían básicos; el color, la mancha, la estructura y el ritmo. Y al regresar a Barcelona desde Paris dibujé con los objetos cotidianos una serie de bodegones que iban perdiendo lentamente los puntos de contacto con el referente, para convertirse en puntos rectángulos de color.

Su obra progresivamente pasa a incorporar referencias a la realidad, no sólo en el collage sino recurriendo a otros elementos cotidianos poetizados y abstraídos de la realidad.

En efecto, a finales de los años sesenta las referencias a la realidad adquieren un protagonismo mayor en mis cuadros, rompiendo en parte las fronteras imprecisas entre la vida y el arte. Realizo muchos collages, incluso experimento con las tres dimensiones. Más tarde, en los años setenta, ya recupero el color. Me inquietaba la limitación de la tela y quería proyectar el color al espacio. Es entonces cuando comienza aparecer de nuevo en mis cuadros uno  de los elementos que caracterizarán mi pintura y obra gráfica: la silueta de la ventana, un tema que ya existía en mis pinturas figurativas de los años cuarenta. Es como un elemento abstracto dentro de la realidad que, sin salir del plano ni tampoco recurrir a la perspectiva, permite lograr un efecto de profundidad y así crear un doble espacio, interior y exterior.

 

En 1967 participa en fundación de la Escuela de diseño Eina donde ejercerá de director hasta 1990 y también de docente.  Su trayectoria artística se define en convivencia con el activismo cultural, participando en conferencias, seminarios, patronatos…

Queríamos aportar unas ideas nuevas a nuestra sociedad que eran las del diseño apoyado en el constructivismo, un intento de salir del academicismo aún imperante en el campo de la plástica. En el caso de Eina nuestro criterio era que el profesor debía orientar, no imponer. En Eina enseñé fundamentalmente teoría del color. La experiencia fue muy interesante, incluso como un debate entre las distintas tradiciones. El peso de la Bauhaus como liberación de la normativa artística y el de la vieja tradición como disciplina para aprender a mirar. La enseñanza te obligaba a plantearte numerosos problemas latentes. Y a profundizar en ellos para poder explicarlos a los alumnos.

¿Qué importancia puede tener la formación académica para un artista en pleno siglo XXI?

Para un artista, antes que la escuela, es muy importante, básico, el trabajo, la disciplina. Artista es, sin duda, alguien que tiene un yo especial. Y personajes de este género siempre ha habido pocos, aunque sean muchos los que pintan, porque hoy todo el mundo se atreve. Antes era necesario saber dibujar y en cambio ahora se practica la pintura, digamos, directa. Además, para aprender, también es fundamental dar con una buena escuela. Las escuelas artísticas auténticas son las que enseñan conceptos y crean el clima propicio para la discusión. Más que enseñar deben estimular. Puesto que artista se es o no se es. No caben medias tintas.

¿Y qué valores cree que puede trasmitir la pintura en nuestra época?

Siga los caminos que siga el arte de hoy, ha de seguir mostrando una actitud ética delante del mundo vulgarizado, violento, materializado. El arte ha de cumplir una función de reflexión, ha de abrir nuevos horizontes. En cierto modo, es metáfora y modelo de la realidad. Su contemplación es un acto íntimo. El espectador, frente a la tela, con sus sensaciones propias. Por eso tiene un valor tan importante: es una forma de no perderse en lo mezquino y de intentar llegar a cosas que tengan un cierto peso más allá de lo mensurable. Paralelamente, si se trata de un arte sólido, se convierte de alguna manera en la expresión de su época.

[Fragment d’entrevista publicada a “Ràfols Casamada. Espacios de Luz”, Casa de la Moneda, Madrid, 2008 i a revista Bonart, febrer, 2010]

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