Eugenio Trías, sin límites

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Trías transpiraba filosofía. Su anhelo era plasmar un ambicioso sistema de pensamiento de una manera ditirámbica, a la manera del Zaratrustra. Con su palabra a la vez docta y endemoniada removió a más de uno los prejuicios enquistados del saber. Trías se levantaba de su silla cuando elucubraba sobre un tema trascendente, y se dejaba llevar, a través de las calles de un mapa conceptual que tenía perfectamente reglado. Su saber sobre el pensamiento, el arte y la espiritualidad europeos era bastísimo. Fue uno de los mejores platonistas modernos. En un entorno poblado de pensadores escépticos, mesiánicos o postutópicos, Trías hablaba de ideales, estructuras y límites. También de orígenes: les fascinaba la etimología y la cartografía: el sentido lo hallaba tanto en las profundidades del micro como en las extensiones estructuradas del macro.

Trías era un brillante comunicador, pero también nostálgico; consciente de la limitación del lenguaje escrito frente a la poiesis de matriz arcaica. Aunque admitía la funcionalidad de un sistema de ideas al servicio de la causa colectiva. En su estructura filosófica, la poiesis era una válvula de escape necesaria, aunque su destino trágico era la renovación –la celebración- de la tozuda estructura de pensamiento y organización humanos. El punto de encuentro entre arte y sistema era el asombro y el vértigo, tal y como reflexionó en sus excelentes estudios sobre estética, música y cine.

Sus seminarios eran rigurosamente clásicos: un lugar de exposición y expresión de un nivel superlativo de pensamiento, pero también un espacio donde iluminar al alumno desde la proximidad fraternal, fiel acompañante en el riguroso camino del saber. Siempre recordaremos la humanidad y candidez de Trías, que manifestaba en su tímida sonrisa disimulada bajo un corposo bigote. El cielo no tiene límites Eugenio, gracias y buen viaje.

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