Clavé en Francia: experimentación, polivalencia y compromiso

Felicitamos a la fundación Vila Casas por su iniciativa de homenajear a la figura del pintor Clavé con motivo del centenario de su nacimiento, a la vez que lamentamos que ninguno de nuestros museos públicos haya sido capaz de celebrar la efeméride de uno de los 5 pintores clave de la modernidad catalana tal y como se merece la ocasión: con una gran exposición de centenario. Porque pocos creadores pueden jactarse de una biografía tan densa y compleja como la de nuestro artista: Clavé fue el joven artista celebrado con tan sólo 24 anños como el cartelista más popular de la Barcelona republicana; el mismo que a los pocos años sufrió la deportación y la trinchera; el joven charmand que sedujo los teatros de París y los productores de Hollywood con sus escenografías para el primer bailarín de su tiempo: Roland Petit; el talento reconocido como el segundo artista emergente francés más valorado en 1954, por delante de De Staël o Manessier; uno de los pocos artistas peninsulares que no se dejó seducir por las caricias del franquismo; el más leal discípulo de Picasso, el pintor anhelado por la colectivitdad durante la regeneración democrática en Cataluña.

 Clavé fue entre nuestros artistas experimentadores quizás el más hábil, y sus hallazgos emergieron, enteramente, de su laboratorio francés, situado entre París i Saint-Tropez. Una de los primeros pasos que Clavé hizo al poco tiempo de llegar a París, en 1939, fue explorar en el terreno de la escultura objetual: se precipitó el artista en los poblados mercados parisinos, y adquirió todo tipo de objetos étranges aunque familiares a su retin –pinzas de cráneo, batidoras, cristales, yesos.

 Aquella fertilidad objetual no tendrá continuidad en su obra hasta 20 años más tarde. En aquel largo paréntesis, Clavé se dedicó principalmente a 3 ocupaciones. En ese largo paréntesis, se sumergió en París principalmente en tres ocupaciones: la escenografía, la ilustración editorial y la pintura figurativa. Las tres actividades Clavé las ejecutó con brillantez: pronto será reconocido como uno de los primeros escenógrafos de París, en el campo de la disciplina gráfica; efectuó ediciones sublimes de bibliófilo sobre temas de la literatura universal (Gargantua, Candide, Carmen) y el año 1954 será galardonado con el gran premio de grabado de la Unesco de la XXVIII Bienal de Venecia. Y en el curso de los años cincuenta, cuando encontró el tiempo para dedicarse autónomamente al cultivo pintura, fue pronto reconocido como el segundo pintor emergente más importante en Francia,-el año 1955, por delante de De Staël!, Y sólo por detrás por el popular Bernard Buffet. Por añadidura, su obra pictórica estaba bien representada comercialmente, tanto en París (en la galería Drouand primero y Creuzevault más adelante) como en Barcelona (Galería Gaspar), donde en 1956 se le realizará la primera gran exposición después de diecisiete años de su exilio francés.

Con todo, en 1957 el pintor presiente que el momento decisivo de su obra plástica tenía que pasar, indefectiblemente, por un retorno fecundo en el campo de la experimentación objetual y técnica, y una confianza ciega con la propia intuición, con el factor visionario. Fue así como a principios de los años sesenta Clavé abandonó definitivamente la metrópolis parisina para instalarse en un estudio en la población marinera de Saint-Tropez. Podríamos enumerar hasta el agotamiento los procesos técnicos reveladores que surgieron en Saint-Tropez en el curso de más de cuatro décadas -hasta su muerte en 2005 -, lo que para muchos son las series mayores de su trayectoria artística: ensamblajes, (50s), el aluminio (1972), papiers froissés, (1975), los Guantes (1974), los Instrumentos étranger (1977), los gaufres, la escultura al plomo (años sesenta), el gouache (años ochenta) …

Por otra parte, también habría que subrayar la condición de Clavé como artista comprometido y resistente durante su exilio en Francia. De hecho, fue uno de los pocos entre los principales artistas catalanes de posguerra que rehusó sistemáticamente las tentadoras invitaciones del franquismo para exhibir su obra en las diferentes plataformas de difusión internacional del régimen: los pabellones españoles en la Bienal de Venecia, de Sao Paulo , las bienales hispanoamericanas de arte … Esta actitud de resistencia se hizo más factible gracias a la proximidad de Clavé al grupo de artistas españoles de París, agrupados bajo el nombre de la Escuela de París. Aquel grupo de referenciales creadores integrado por nombres tan decisivos como Apeles Fenosa, Óscar Domínguez, Manuel Viola, Pedro Flores o Condoy, se vehiculaba alrededor de la figura de Pablo Picasso, y se reunieron en numerosas ocasiones en eventos defensores de la cultura republicana en el exilio.

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