Anselm Kiefer. Medianoche en la historia.

El Hangar Bicocca de Milán reabre al público una de las obras maestras del arte contemporáneo europeo: I Setti palazzi Celesti de Anselm Kiefer. El monumento y una exposición dedicados al pintor en la galería Lia Rumma, dan testimonio del nuevo posicionamento en alza de la metrópoli italiana en el circuito del arte contemporáneo internacional.

Según datos de la Cámara de Comercio de Milán, Milano ha experimentado un crecimiento económico en el sector de las artes excepcional dentro del contexto de crisis europeo. El pasado 2011 se crearon más seis mil empresas vinculadas a las artes visuales, entre galerías de arte, talleres de escultura, arquitectura o museos. Las razones de los que los italianos llaman la svolta milanesa las tenemos que encontrar, en gran parte, a la fructífera colaboración entre el sector privado y las instituciones públicas, en la gestación de potentes instituciones comprometidas en la producción, la exhibición y la internacionalización del arte contemporáneo. Uno de los ejemplos más relevantes, es la reapertura del espacio de arte contemporáneo Hangar Biccoca, en la periferia norte de la ciudad. Se trata de un espacio de arte abierto el pasado 2004 por iniciativa de la región de la Lombardía, la Cámara de Comercio de Milán y la casa Pirelli (que es como decir que se unieran La Generalitat, la Cámara de Comercio y la Seat), que han vertido hasta 5 millones de euros de presupuesto para erigir un espacio de arte de referencia a nivel internacional.

Una de las primeras acciones del museo fue encargar a un artista de primera divisón internacional, Ansielm Kiefer -sin ningún vínculo previo con la ciudad-, de realizar una intervención artística permanente para el interior del espacio expositivo, una gran factoría de más de 15mil metros cuadrados. La inversión material por el monumento (de 3 millones de euros), dio pronto frutos de primer nivel cultural: Kiefer creó lo que hoy es considerada por muchos expertos como una de las 5 obras más importantes del arte contemporáneo internacional: I sette palazzi Celesti (Los siete palacios celestiales).

Nos encontramos ante una intervención artística descomunal, insólita, de impacto plástico inmediato y perturbador: 7 torres de entre 14 y 18 metros de altitud, 90 toneladas de cemento armado cada una, se distribuyen a lo largo de una de las naves de la fábrica Biccoca. La escena parece un paisaje postnuclear, cercano al que el cineasta ruso Andrej Tarkowski grabó en Stalker. Al escenario plástico, Kiefer vincula un mensaje trascendente: los 7 palacios celestes hacen referencia a un texto de la Cabala judía – Sefer Hechalot (s. IV ac) -, en que se narra el camino simbólico de iniciación espiritual a través de diferentes estadios de experiencia: el Sefiroth (el Árbol de la Vida, aglutinador de la inteligencia, el amor, la belleza, el poder o la tolerancia o la belleza, la Melancolía; Jh & Wh o Ararat, la colina donde desembarcó la Barca de Noé, símbolo de paz y de salvación.

La imagen de la torre interesa a Kiefer por su mensaje a la vez simbólico y ambiguo: la torres tienen una apariencia estable, de permanencia y pertenencia, pero también son iconos dúctiles, abiertas a la maleabilidad de la historia, y sus ciclos de construcción o de desmantelamiento. La ambición espacial de las siete torres está pensada para que el espectador deambule y medite sobre aspectos profundos de la existencia. También sobre el legado destructivo de las utopías modernas. Las ruinas de Kiefer hacen referencia a un pasado doloroso que Alemania ha querido enterrar: la destrucción que comportó el nazismo y el holocausto judío. Kiefer, considera, como Benjamin, que el pasado se le ha de encarar, con todas sus miserias, porque los grandes proyectos fracasados ​​del pasado dictan traumáticamente las actitudes del presente. La ruina, no es por el artista un símbolo de destrucción, sino  de reconocimiento y esperanza. Su obra contemporánea, la que ha mostrado recientemente en la galería Rimma Lupa de Milano, es un viaje a las ruinas de nuestra civilización, en Jerusalén y Mesopotamia. La exposición da pistas de los elementos que caracterizan al gran creador global y contemporáneo: capacidad de sumergirse con temas culturales de primera magnitud, con pocas obras –En la exposición no hay más que cinco-, pero de gran alcance físico y espiritual, y con una gran ambición cosmopolita, que busca  comunicar con la humanidad entera, porque ha ido a la raíz de sus preocupaciones e inquietudes como especie.

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