Wayne E. Campbell. Short Stories · Galeria Esther Montoriol (Barcelona)

El hedonismo cromático, el ensamblaje de recursos populares y la fusión de lenguajes que advertimos en la obra de Wayne E. Campbell rebelan la personalidad de un artista formado en el fértil contexto artístico de los anos sesenta en la Bahia de San Francisco, en los Estados Unidos. Formado en la Universidad de California, en Berkeley, fue alumno aventajado de algunos de los artífices de la aventura post-objetual contemporánea: James Lee Byars, Kitaj, Bruce Conner, Wiliam Wiley, Robert Arneson –estos tres ultimos, fundadores del movimiento mal conocido en Europa, pero no por ello menos decisivo, del Funk Art- y también de Marc Rothko. A principios de los setenta se traslada en Nueva York y explora nuevas estrategias formales junto al grupo de creadores residentes en los barrios de Tribeca y Soho, entre quienes se encontraban Jo Baer, Elizabet Murray, Alan Shields o Richard Tuttle.

 Tras haberse mantenido alejado del circuito artístico durante más de veinte años, Campbell reemprende su actividad como creador en el ano 1998. Los trabajos que se presentan en la galería Esther Monturiol hacen referencia precisamente a esta última etapa, donde el artista, instalado en la ciudad de Barcelona, nos propone una revisión de algunos de sus planteamientos artísticos de juventud. Especialmente singulares nos parecen la serie de collages-postales, vinculados a las aportaciones que en este campo habían realizado en su momento Max Ernst y, especialmente, Ray Johnson durante los anos setenta en Nueva York. Según Campbell, el arte postal le permite incidir en algunos de sus principales intereses: es un medio sintético, que aúna imagen y literatura; que exige a expresar la ilustración y el relato de un modo directo y compacto, mediante short stories; y, finalmente, sus iconos contienen siempre la cálida ingenuidad del arte bruto. Todas sus experiencias responden a una posición teórica, que el artista ha resumido para la ocasión, a modo de manifiesto artístico: ¿Puedo lograr una imagen que reúna realidad y ficción? ¿Puedo segmentar una imagen y reconstruirla mediante perspectivas distintas? ¿Puedo sorprender al espectador y liberarlo de su comodidad sedentaria?

 Especulación transversal. Ingenuidad segmentada. Intima trasgresión. La obra de Wein Campbell nos aparece como un utópico ejercicio de experimentación condensada. En todos sus collages, el artista parte de una imagen real –una fotografía, una postal- que descompone, sin disimular el proceso, sobre la superficie de la obra. En Line-up-Safetty Bottle Cap el artista muestra una composición cuatripartita formada por postales marinas que se sobreponen a su versión en abstracto: cuatro paneles con colores saturados (el azul, el amarillo, el gris, el ocre), subrayados por una línea discontinua, gruesa y horizontal. Muchos de sus recursos formales coinciden con aquellos que fueran reivindicados en origen por el movimiento Pop Art: el Suprematísmo, el Neoplasticísmo, en las formas puras extraídas de la realidad; el Dadaísmo, en el uso desprendido y mordaz de la imagen popular. Así, las formas puras bañadas en felices cromatismos emergen sin complejos de la superficie de la obra: una contundente cruz azul divide elegantemente la imagen de una transatlántico (Nice day at sea); una forma en “u” volteada divide -y nos permite releer- una cala rocosa de los Estados Unidos (Dreaming on pillow). En otras obras, su intervención es menos regular, como en Bbad Ppssyyccheddeellicss, donde compone una forma delirante -semejante a los envoltorios de Christo- que extiende sobre viejos paisajes rurales, hoy ocupados por las poblaciones de Ferndale, Sheldrake y Tennanah lake, dentro del condado de Nueva York.

 Sus obras de mayor plenitud formalista se contraponen a otras de más profundidad emotiva. Entre ellas encontramos a tres homenajes a artistas norteamericanos -Mark Rothko, Ray Johnson, Fred Sandback- que terminaron sus vidas trágicamente, cometiendo suicidio. Algunos de aquellos sucesos tienen una vinculación misteriosa con el mar –una de las mayores obsesiones del arista-, como el caso de Johnson, cuyo  cuerpo fue encontrado, sin vida, en una cala de la bahía de Nueva York.

 El conjunto de la exposición en la galería Esther Monturiol – la primera del artista en Barcelona- se complementa con una serie de obras de reciente elaboración, en las que se muestra el interés de Campbell para nuevos formatos, más atrevidos en tamaño y composición. En ellas, advertimos dos nuevos centros de interés: la  pintura china y las evocaciones de infancia. En la obra Between the bed and the mountain se manifiesta el deseo del artista de contraponer dos fuerzas en conflicto como son la pincelada vaporosa de la pintura tradicional china y la estética artificiosa del juguete popular.

 La obra de Wein E. Cambell parece obedecer a aquella máxima de Christian Boltansky cuando pedía, en los albores de la era postmoderna, el compromiso del artista con las pequeñas utopías de proximidad: ya no podemos cambiar el mundo desde el arte pero podemos seguir creando ilusiones, reducidas pero iluminadoras utopías cotidianas. Según esta concepción, el arte en la contemporaneidad quedaría relegado en el ámbito íntimo, pero seguiría ostentando el poder de ilusionar al hombre, y otorgarle la posibilidad de huir, por unos instantes, de la realidad que siempre ha intentado transcender.

[Text at. exp. Wayne E. Campbell. Galería Esther Monturiol. Septiembre-Octubre 2010[

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