Entrevista a Xavier Gonzàlez Arnau

Escribimos estas líneas después de enterarnos de la muerte del filósofo Eugenio Trias, de quién recordamos la siguiente frase para introducir el arte de nuestro pintor: «Es solo a través del asombro y el vértigo que se abre una grieta privilegiada y nos planteamos las preguntas radicales. Así, es en los momentos de crisis cuando emergen las cuestiones relevantes». Xavier Gonzàlez Arnau intenta pintar la esperanza, el amor y el espíritu en un tiempo de descomposición material. La actual crisis es un momento fértil para un creador como él, que no cree en el progreso y ve las artes como un contrapunto de la civilización. Hay una investigación espiritual; pintura y espíritu se encuentran en un tempo de gravedad. Eso implica un cierto distanciamiento del mundo material, de las cosas efímeras, de lo epidérmico. Admira a Walter Benjamin, que decía que todo acto de cultura es un acto de barbarie. El pintor reclama volver a la pureza de espíritu de la cultura precivilizada. Xavier vincula dicha espiritualidad a la idea de justicia social. El arte es para el creador un vehículo de espíritu, pero también de comunión. Entramos en una nueva era, donde sobrevivirán  solo las obras que comuniquen desde el corazón. Ya no es válido un arte que se separa de la experiencia humana. La frialdad ya no será sostenible. Tampoco el artificio ornamental. solo permanecerá la necesidad.

Xavier Gonzàlez:  «En pintura, y en la vida, lo único relevante es el espíritu»

 Ver entrevista original en vídeo

Albert Mercadé. Inauguramos el canal YouTube de la Fundación AB, en que intentaremos ir más allá de la forma y del formalismo, entrevistando a los artistas que expongan en nuestro centro. Nos estrenamos con el pintor Xavier Gonzàlez Arnau, nacido en Terrassa en 1980 y residente en Berlín, que expondrá en la Fundación entre los meses de abril y mayo. Nos citamos en el mes de diciembre, antes de que la obra y el proyecto de Xavier se produzcan físicamente.

Xavier Gonzàlez. Te agradezco eso que dices, de ir más allá de la imagen, porque para mí la imagen en pintura es lo de menos. Es evidente que entra por los ojos, pero significa muy poco en relación con lo que contiene la obra. Un amigo mío me decía el otro día: “Todo lo que está vivo quiere vivir. ¿Tú crees que la semilla de este café no quería ser flor? Si no se le ha dejado vivir, ¿qué tenemos pues? La respuesta es espíritu. La obra debe tener espíritu.”

A. M. Hablas de semilla, de vida, de espíritu, parece que reivindiques un viaje introspectivo hacia los orígenes.

X. G. Sí, pero semilla y origen en el sentido vital. Quiero decir que en el mundo interior se encuentra todo, también el exterior. El viaje para un pintor es interior. Podríamos ir a Marte, pero el pintor ya ha estado en Marte. No es necesario transitar.

A. M. ¿Entiendo lo que dices como un alegato contra el progreso?

X. G. Exacto. En el origen ya estaba todo. En el niño está todo. Lamentablemente no podemos volver a aquel estado, que es el más puro. Desde la memoria no se puede hacer esta regresión hacia el niño. Pero desde el corazón sí. Todo lo que es cerebral es corrupto e inútil para volver al origen.

A. M. Criticas el futuro en tanto que progreso, y parece que defiendas la vivencia del instante, que es la temporalidad propia del niño, que no tiene memoria, ni planifica. Pero en tus obras has hablado de historia. En Gijón, interpretabas las últimas tesis de Benjamin, en que la historia y el futuro son esenciales para la construcción del presente.

X. G. Todo está en juego ahora. Todo se configura ahora. Vivimos en un eterno configurarse. Cuando uno pinta, debe tener respeto por lo que se ha hecho anteriormente. Tomas consciencia de que estás participando de un espíritu que no es tuyo, del que tú participas.

El continuismo lo considero revolucionario, porque entiende la pintura como una reconfiguración. Revolución en el sentido del movimiento que vuelve siempre del Sol. Yo defiendo que la pintura, la política y la vida sean revolucionarias, en el sentido solar de eterno retorno que he intentado explicar.

A. M. En tu obra hay muchas referencias a pensadores alemanes, del romanticismo y de más adelante: Hölderlin, Goethe y Benjamin, entre otros. ¿Qué te interesa del vínculo entre pintura y filosofía? ¿Qué aporta el romanticismo a la contemporaneidad?

X. G. Lo que más me interesa son las sagradas escrituras. Pero nuestra cultura ha echado tanta arena sobre lo sagrado que lo tengo muy difícil para entender lo que quieren decir realmente. El catolicismo también ha hecho mucho daño. Si fuese judío, no tendría este problema; cuando dijese árbol, me referiría, con cuerpo y alma, a un árbol.

A. M. Con la pintura no tienes suficiente, pues.

X. G. Exacto. Lo único que es puro es la poesía en su sentido más estricto. Svetieva decía que todos los poetas son judíos. Eso me trastornó. Pensé que esta mujer había querido decir algo. El esfuerzo de los judíos es intentar defender el máximo del significado en el lenguaje. Poesía debería querer decir ‘verdad’.

A. M. En tus exposiciones a menudo ofreces un acto performático en el que pintas en directo al sonido de la música techno. ¿Qué significado adquiere la música en tu obra?

X. G. La música es un punto y aparte. En mi caso, estuve muchos años metido en la música. Soy sinestésico y la música me ha influido físicamente. Cuando estoy en un concierto pierdo el cuerpo y puedo llegar a vivir un viaje sensorial. La música forma parte de una dimensión diferente, que no pertenece a este mundo. Es el único impulso que no llega a la dimensión vivencial. Los músicos sensatos y modestos reconocen que no se sienten creadores. Es como recoger cosas. En la pintura no pasa lo mismo. Uno puede tener la autoridad en el reordenamiento de un patrón. Le puedes poner tu personalidad. La pintura es la disciplina más humana, la poesía la más natural y la música la más sobrenatural.

A. M. En cada proyecto, por lo tanto, convergen distintas disciplinas: la música, el pensamiento, la poesía y la pintura. ¿Cómo intentas encontrar una armonía en todo ello?

X. G. Sí, y no sé si eso está bien. A mí lo que más me gustaría es llegar a ser pintor.

A. M. Hablamos, por último, del proyecto de la Fundación. Vienes de un año muy bueno, con exposiciones en Londres y en Gijón. Exposiciones muy críticas con la idea de progreso, a partir de las tesis de Benjamin. Impulso filosófico y resolución formal se aliaban extraordinariamente. Ahora estamos en diciembre, tres meses por lo tanto antes de la muestra a la Fundación y con la obra aún por hacer. ¿Cuál será su despliegue?

X. G. Ahora querría pintar un poco de esperanza. No basta con evidenciar lo que va mal y por qué va mal. Ahora intentaré dar alguna clave de luz para poner esperanza. Intentaré que esta esperanza se sustente en algo que sea posible. No pintaremos la alegría de vivir, porque en un mundo con tanto sufrimiento no tiene sentido. Quiero centrarme en la esperanza del trabajo. No es la vida que pasa por el hombre, sino el hombre por la vida. Si hablamos de espíritu, hablamos de amor. Y hay dos potencias en el amor: amar y querer. Amar tiene que estar por encima de querer. El amor que ama. El proyecto se podría titular Endreça.

A. M. ¿Cómo ves desde Berlín el momento actual de crisis sistémica, y qué función puede tener el arte en todo ello?

X. G. Pienso que es un buen momento, porque estamos dejando atrás el demonio del progreso, que se ha sustentado en el sufrimiento de tantos pueblos. Hemos causado víctimas y, lo que es peor, hemos frivolizado el sufrimiento: porque ya lo damos por descontado. La esperanza se podría basar en que hay una oportunidad, ya que la gente ha entendido que no hemos podido gobernar nuestra vida, que nos han abandonado. La gente aún no se ha dado cuenta de que es ella la que manda. Nos lo han puesto muy fácil. Nos han abandonado completamente. No valemos ni la bala que nos mata. La gente por fuerza tendrá que mandar, en su vida quiero decir: afrontar la luz con el mejor espíritu posible. Es una gran oportunidad. Esperanza en el autogobierno.

 A. M. Xavier, gracias por habernos explicado este “arreglo”, y veremos cómo va la evolución de la obra que realizarás en Berlín.

X. G. Gracias a vosotros, sobre todo por dejarme expresar antes de que pase, porque vivimos en una sociedad que demasiado a menudo valora el resultado y no el espíritu con el que están hechas las cosas.

A. M. Intentaremos difundir el espíritu además del resultado, Xavier. Gracias.

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