Andrea Leria. El impulso de la memoria

[Text comissarial exposició ‘Andrea Lería. Narrativas tácitas’. Fundació Arranz-Bravo, febrer-maig 2021 / Dins la sèrie ‘Deleuze i l’art contemporani’ (i 3). Fotos: Roberto Ruiz]

Gilles Deleuze y Felix Guattari, en su célebre Antiedipo (1972), fueron los primeros en cuestionar el principio freudiano de la configuración de la identidad psíquica: aquella creencia según la cual el ser y el yo están unívocamente condicionados por el dogma del inconsciente y la trama edípica. El tándem de pensadores consideraba, en cambio, que el inconsciente es un dogma limitante, y que la subjetividad es el resultado de la acumulación identificable de una pila de capas laminadas formadas por restos de deseo vital. Ser conscientes de estos flujos de memoria, identificarlos, hacer investigación psíquico-arqueológica, es el gran viaje retrospectivo del espíritu, que tiene por horizonte llegar a un espacio de plenitud: el espacio motriz de nuestro interior -el cuerpo sin órganos. El yo desflorado, puro y desconstruido. De allí donde mana, se activa y vibra todo nuestro ser.


El trabajo artístico de Andrea Leria (Barcelona, ​​1980) se identifica con este viaje reminiscente y deconstructivo de la memoria. Nacida en Barcelona y residente, en la actualidad, en L’Hospitalet (ed. Freixas), su existencia está marcada por su traslado, con pocos años de vida, a Santiago de Chile. Las impresiones atmosféricas de la infancia, así como algunos viajes posteriores a la ciudad catalana, han condicionado la construcción de su identidad. Regresa a Barcelona en 2014 para recuperar el contacto con su abuela, Montserrat Borès, a quien acompañó hasta su muerte. Estos momentos de intimidad con Montserrat han sido centrales para la consolidación de su universo artístico. No sólo por lo que desveló de su pasado, sino también por el hallazgo de un archivo ingente familiar, motor y verbo de su obra, formado por cartas, postales, fotografías y diapositivas familiares.

Cada caja que destapa del pasado es para la artista una nueva palanca a través de la cual acceder a una nueva narración silente de su subjetividad. Aunque este aspecto es cada vez más secundario. El peligro en la obra de Leria estaba en el quedar reflejada, embarrada, en el pasado archivístico. En los últimos años, Leria se ha desprendido. Coge la postal, la carta, la fotografía o la diapositiva, y la conduce hacia otro universo. No le interesa la actitud sistematizadora del archivo, sino el asombro, la sorpresa existencial ante el rastro. Cuando se produce este coup de foudre ante un acontecimiento del pasado, este derrumbamiento repentino del tiempo que describía con magisterio Proust, Leria abandona el documento y salta a la dimensión artística. Una actitud de trabajo que para Leria tiene una fuerte carga política. Porque reivindicar el archivo es siempre un acto de compromiso, dado que a través de él se recupera la memoria que los mortales olvidamos con tanta ligereza. Y sin memoria estamos ciegos, somos unos seres abruptos, ignorantes, avanzando a tientas a través de las coordenadas de la memoria que regula y filtra el poder. Con Leria aprendemos que hay que recuperar la memoria personal como gesto de resistencia cultural.

Para la Fundación Arranz-Bravo, Leria ha configurado cuatro momentos de activación de su pasado archivístico. Léxico familiar, nace de la convulsión sufrida por la artista después de darse cuenta de la persistencia, a lo largo de los siglos, del formato de la fotografía familiar de grupo. El hombre ha sentido siempre la necesidad de retratarse coralmente en una realidad que ahora, en el marco de la pandemia, ha tomado aún más significado. Como dice el escritor Jorge Blasco, vivimos en comunidades de archivo, a menudo sin darnos cuenta. La sociedad capitalista nos dirige, frenética y deliberadamente, hacia la fragmentación y la individualización, pero el cuerpo y el alma nos piden sentir en clave social y colectiva. De ahí el gesto político de Leria, quien reivindica, uniendo pictóricamente a través de redes invisibles, a los protagonistas de las imágenes familiares. En el mismo vestíbulo, como contrapunto individual, encontramos algunos ejemplares de la serie Archivum-selfies: fotografías y retratos de familia donde la artista interviene insertando su rostro, de manera inquietante, y fusionándolo fantasmagóricamente sobre los rastros humanos del pasado familiar

En Jardines de resistencia, la artista introduce un retrato ambiguo e intenso, envuelto en un haz de cartas troceadas, que tienen una presencia como de bosque de terciopelo. Son cartas auténticas de Montserrat Borès, con secretos de familia, dolorosos y sobrecogedores, a los que la artista tuvo acceso por primera vez. La reacción instintiva fue la destrucción, la pulverización de un pasado que ahora quiere enterrar, y al mismo tiempo, eternizar en el elixir de la obra. Si en el primer ámbito la artista positiviza el pasado, aquí opta por la vía negativa. La eliminación como trayecto depurativo pero también sanador. La ceniza como metáfora del ángel de la historia que avanza, irrefrenablemente, dejando la memoria en ruinas en su avance, y que nos hace pensar en aquellos versos de Eliot en The four quartets (Los cuatros cuartetos): “Even while the dust moves / There rises the hidden laughter / of children in the foliage “(Mientras el polvo danza todavía / se levanta la risa oculta / de los niños entre el follaje). Porque todo el polvo de la historia, es polvo de un viejo jardín de deseo.

En el último de los ámbitos (Trazos esquivos), Leria activa todo un legado de diapositivas familiares de la posguerra pertenecientes a su tío abuelo, José Antonio Osés, en que se proyectan sus diferentes inquietudes lúdicas, con fotografías de astros y de paisajes. Son ventanas de oxígeno y libertad, en unos años en que buena parte de los mortales sólo podían optar por dos vías de fuga: la interior (en una intimidad alienada, viciada, oprimida) o la exterior (el exilio, los viajes, el mundo). Son impresiones que esquivan la mirada introspectiva e identitaria que registraban las instalaciones precedentes, pero que sin embargo, siempre han acompañado inquietantemente a la artista. Impresiones atmosféricas que tiñen el alma y condicionan, indefectiblemente, nuestro libre deambular a través de la existencia.

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Historiador, crític d'art
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